Golden Beach Studios & Suites
Una playa privada a dos kilómetros del bullicio del puerto





Sobre este hotel
Golden Beach Studios & Suites está justo delante de su propia franja de playa privada en Agios Fokas, lo bastante lejos del puerto de Tinos Town, unos dos kilómetros, como para cambiar el ruido de los ferris por una estancia más tranquila y autónoma junto al agua. Los estudios incluyen cocina americana y dan al mar o a los jardines, y las tumbonas y sombrillas gratuitas en la playa vienen con servicio de mesa para bebidas y algo ligero durante el día. Dos restaurantes propios cubren registros distintos: GBdeck sirve cocina mediterránea y local con zumos y cócteles, mientras que Golden Kuzina se centra en platos tradicionales elaborados con productos ecológicos. Un desayuno continental abre cada día, y el hotel ofrece parking y wifi gratis en las zonas comunes para quienes lleguen en coche.
- Playa privada
- Dos restaurantes
- Cocina americana
- Servicio de mesa
Nuestra opinión
Golden Beach conviene a viajeros que quieren una estancia de playa autónoma en vez de una base para explorar la ciudad cada día, dada su distancia de dos kilómetros respecto al puerto y a la iglesia de peregrinación. La playa privada, dos restaurantes distintos y los estudios con cocina hacen el hotel práctico para una semana completa sin apenas necesitar salir del recinto.
- ✓Reserva un coche si piensas visitar el centro con regularidad, los dos kilómetros se notan rápido a pie.
- ✓Prueba los dos restaurantes del hotel durante tu estancia, GBdeck y Golden Kuzina cubren registros de cocina realmente distintos.
- ✓Reserva las tumbonas pronto en temporada alta, la playa privada tiene suficiente popularidad como para llenarse ya a media mañana.
Por qué nos gusta
- Playa privada con tumbonas gratuitas
- Dos restaurantes distintos en el hotel
- Estudios con cocina y vista al mar o al jardín
- Servicio de mesa directamente en la playa
Por qué encanta a los viajerosTener la playa privada nos evitó buscar tumbonas, el servicio de mesa traía las bebidas sin que nadie tuviera que volver a la habitación. Alternamos entre los dos restaurantes casi todas las noches y nunca nos cansamos de esa rotación entre ambos. La distancia de dos kilómetros hasta el centro hizo que dependiéramos de un coche de alquiler los pocos días que quisimos ver la iglesia y el museo.